Quizás fue demasiado tarde. Quizás no. Hay quien dice que pudo resultar, incluso, precipitado. Bueno, las opiniones son libres como las palomas de Madrid, que siempre saben dónde buscar alimento; pues reconocen demasiado bien las almas generosas de pan duro y mirada nostálgica. También hay quien afirma que pudo haber sido realmente tarde. Quizás sí. Quizás fue demasiado pronto.
GALLINARQUÍA
NO CELEBRES EL ECO EN TU CABEZA.
lunes, 9 de abril de 2012
Opiniones
lunes, 26 de marzo de 2012
OJOS QUE NO VEN
miércoles, 29 de febrero de 2012
Cartel
lunes, 13 de febrero de 2012
Una metáfora de José Luis Sampedro
miércoles, 21 de diciembre de 2011
Cafetera
martes, 20 de diciembre de 2011
Tos
tosía
tosía
y tosía;
se había tragado
una enorme bola de pelo que
todavía
maullaba.
domingo, 18 de diciembre de 2011
Cuchara
Disculpen, pero es que me desespera ver anuncios como el que se acaba de emitir por la tele de la cocina. ¡Aún me tiembla el aluminio! Esas cucharillas de los anuncios de los helados, con sus mangos estilizados y sus cabezas completamente huecas. ‹‹ ¡Eco! ››. Se pasan la vida contándote sus pavadas mientras te deslumbran con la falsedad de su sonrisa:
– ¿Sabes? Esta última semana rodé un anuncio de Häagen Dazs con Shakira. Tiene unos labios…
¡Agh, se me ponen los cobres de punta! Y es que eso es lo peor de todo, que las muy _________ se pasan los días introduciéndose en las bocas más cotizadas y degustando, qué digo degustando, hinchándose a helados y cafés con doble de nata y otras tontadas. Y ahí les tienen, no les sobra ni un gramo. Es horrible. Y una, que sólo come sopitas y verduras, está hecha una olla exprés. No sé de qué me sorprendo, si ya me lo advertía mi madre:
– Hija, la que nace sopera, sopera se queda.
¡Y qué razón tenía! Aunque parte de la culpa es suya, ¡a quién se le ocurre casarse con un cucharón! Es de locos.
Lo cierto es que no sé qué mas hacer, lo he probado todo. Incluso contraté los servicios de un mentalista para ver si doblándome y desdoblándome me quedaba como una cucharilla de postre. Pero nada.
Bueno, les dejo, que alguien acaba de entrar en la cocina y yo tengo que seguir sumergiéndome en caldos sosísimos a 100º C de temperatura. ¡En pleno mes de agosto! Es para reírse. O llorar. Que alguien me saque de esta residencia de ancianos, por fa…glup…glup…
viernes, 16 de diciembre de 2011
Mover
martes, 6 de diciembre de 2011
Verde Kiwi
miércoles, 5 de octubre de 2011
La nena
La nena es incapaz de calcular las distancias. Y no digo las grandes distancias que aparecen en los mapas a escala reducidísima, no, esas se le dan de maravilla. Tanto, que es capaz de calcular cuánto tardarás si cruzas Vietnam a pie o si pretendes alcanzar la Patagonia comenzando tu andadura en Santiago de Chile. Impresionante. Donde ella encuentra problemas es en las distancias cortas, esas que, si controlas, evitan que aplastes tu nariz contra el cristal de la ventana o que te saques un ojo al ponerte una lentilla. Vete con ella al cine y no llegará el cubo de palomitas lleno a la butaca, bajad en ascensor y chocareis vuestras cabezas como ciervos enfadados, nadad juntos en la piscina y no tardarás en cansarte de tener que interponerte entre ella y el bordillo, eso si no quieres que se abolle las ideas. Los médicos dicen que no hay explicación, o que al menos ellos no la encuentran. “Está perfectamente sana, su percepción es la de una persona normal (si es que este último término tiene algún sentido aplicado a la especie humana)”. Y mira que le han hecho pruebas, pero nada. Nada de nada. Así que aquí seguimos: comprando tiritas y tiritas, vendas y vendas, y La nena dale que dale. Lo peor es cuando montamos en tren en “hora punta”. Imaginaos: La nena, puro terremoto sin brújula, entre todo esa cantidad de gente. No paro de decir “perdón”, “disculpe, fue sin querer”, “oh, no ha debido fijarse en su pie”. Y ella sin darse cuenta de nada, La nena, pequeña apisonadora. Aunque pienso que es mejor así, que no se entere de que acaba de hundir el codo hasta el pulmón a la señora del jersey rojo, o que termina de operar de juanetes al caballero del traje beige; así no sufre demasiado por ellos (que es lo que haría si sospechara que provoca el mínimo daño, campeona mundial de dramatismo), y yo sigo engrosando mi lista de “las mil y una formas de pedir disculpas”. Además, a veces La nena parece percibir algo, un roce o quizás algún gritito ahogado, y entonces mira a los ojos del damnificado, y éste...éste ya no entiende de distancias, ya no sabe de cerca o lejos, sólo de allí y ahora. Exactamente como le sucede a La nena. Sólo de allí y ahora.